Elon Musk completó la compra de Twitter el 27 de octubre de 2022. La operación cambió el control de la compañía, pero en ese momento no existía un anuncio confirmado que asignara a Bitcoin, Dogecoin u otra criptomoneda una función concreta dentro de la plataforma.
El informe presentado por Twitter ante la SEC registró que la empresa pasó a ser una filial íntegramente controlada por la sociedad compradora y que Musk se convirtió en su único director. La operación había sido valorada en aproximadamente 44.000 millones de dólares cuando se anunció en abril.
En el anuncio original de la transacción, Musk habló de nuevas funciones, algoritmos de código abierto, reducción de cuentas automatizadas y autenticación de usuarios. El documento no incluía un producto de pagos con criptomonedas ni una integración de Dogecoin.
Sus comentarios anteriores sobre Bitcoin y Dogecoin alimentaron expectativas entre algunos participantes del sector, pero esas declaraciones personales no equivalían a una hoja de ruta de Twitter. Tampoco permitían afirmar que la compra fuera necesariamente positiva para Web3 o que fuera a cambiar las reglas de moderación de una manera favorable para proyectos cripto.
La inversión de Binance no definía el producto
Binance figuró entre los coinversores de la adquisición. Una declaración regulatoria de mayo de 2022 registró un compromiso de capital de 500 millones de dólares por parte del exchange. La aportación acreditaba su participación financiera, no un acuerdo público para incorporar blockchain, tokens o servicios de custodia a Twitter.
La empresa podía explorar pagos u otras funciones después del cierre, pero cualquier descripción concreta debía esperar a un anuncio de producto, condiciones de uso y disponibilidad verificables. En la fecha de esta noticia, la conclusión sustentada era más limitada: Musk había tomado el control de Twitter y un inversor relevante del sector cripto había contribuido a financiar la operación.
Por ello, el papel futuro de las criptomonedas seguía siendo una posibilidad, no un hecho. La actividad de la comunidad cripto en la red social y las preferencias públicas de su nuevo propietario no demostraban una integración técnica ni garantizaban beneficios para el sector.

