Standard Chartered pronosticó un cambio estructural para 2028, que podría mover un total de $500 mil millones desde depósitos bancarios hacia stablecoins. Esta predicción sitúa a las stablecoins como el actor principal para transferencias, cuentas corrientes y como fuente de ahorro.
El análisis de Standard Chartered identifica que existe verdaderamente una vulnerabilidad concentrada, ya que los bancos regionales que dependen de los depósitos minoristas y de los ahorro. su funcionamiento depende de esto para poder otorgar préstamos y preservar el margen neto de interés (NIM).
Es por eso que Standard Chartered sostiene que una migración hacia tokens anclados al dólar reduciría la base de financiación que muchos bancos regionales utilizan para generar ingresos por intereses. Esa pérdida podría ser el fin para bancos pequeños que dependen casi exclusivamente de este tipo de operaciones.
Además, el banco menciona que los $500 mil millones es una proyección prudente, ya que existen posibles escenarios en donde las pérdidas sean mayores y puedan alcanzar los $2 billones en 2028.
Un problema estructural para los bancos pequeños
La forma en que los emisores de stablecoins mantienen reservas determinará cuánto de ese capital se recicla en el sistema bancario. Standard Chartered destaca una diferencia marcada entre emisores: Tether mantiene aproximadamente 0.02% de sus reservas en depósitos bancarios, mientras que Circle mantiene cerca del 14.5%.
Otra parte importante que menciona Standard Chartered es que las stablecoins se están incorporando cada vez más al uso de pagos en la vida diaria, así como también se usan como principal fuente de ahorro. Esa expansión, combinada con diferenciales de rendimiento, podría acelerar la migración desde cuentas de depósito hacia efectivo tokenizado mantenido en cadenas cripto.
Es allí donde la regulación será una variable decisiva para el futuro de los bancos. Standard Chartered espera que la legislación sobre la estructura del mercado en EE. UU. sea aprobada a finales del primer trimestre de 2026, dando un giro abrupto a esta tendencia.
Los borradores más recientes incluyen una prohibición a los emisores de monedas estables de pagar intereses a los tenedores, algo que jugaría muy a favor de los bancos pequeños. Esa disposición, apoyada por grandes bancos, pretende frenar la fuga de depósitos pero también remodelaría la economía de producto para los emisores de tokens y podría ralentizar la adopción si el rendimiento se ve constreñido.
Para los bancos, la conclusión práctica es someter a pruebas de esfuerzo los modelos de financiación ante una migración sostenida de depósitos; para los reguladores, la disyuntiva será entre preservar la estabilidad de la financiación bancaria y permitir la innovación en efectivo digital y pagos.
