Entre enero y febrero, múltiples carteras vinculadas a mineros de Bitcoin movieron aproximadamente 48.800 BTC, valuado en más de $3 mil millones. Sin embargo, no todos los movimientos se debieron a liquidiaciones masivas, sino más bien fueron transferencias entre tesorerías y plataformas.
El 5 de febrero el mercado registró un movimiento inusual: 28.605 BTC salieron de direcciones asociadas a mineros en un solo día, equivalentes a unos $1.800 millones. Al día siguiente se añadieron otros 20.169 BTC ($1.400 millones). En conjunto, casi 49.000 BTC cambiaron de manos en apenas 48 horas, uno de los mayores desplazamientos desde finales de 2024. A primera vista, la magnitud encendió alertas sobre una posible ola de ventas masivas.
Sin embargo, el volumen transferido superó ampliamente la producción reciente. En enero de este año, ocho mineros públicos que reportan resultados extrajeron en total unos 2.377 BTC, una cifra muy inferior a las transferencias observadas en febrero. Esa diferencia dejó claro que la mayoría de las monedas movidas no eran BTC recién minados vendidos inmediatamente en el mercado spot, sino parte de reservas acumuladas.
A nivel corporativo, los datos mostraron una realidad más matizada. CleanSpark, por ejemplo, minó 573 BTC en enero pero vendió solo 158,63 y mantuvo una reserva de 13.513 BTC. Cango produjo 496,35 BTC, vendió 550,03 y luego dispuso de 4.451 BTC adicionales por $305 millones para cancelar un préstamo respaldado por Bitcoin y financiar su giro hacia infraestructura de IA. Otras firmas, como Canaan y LM Funding, ampliaron sus reservas, mientras que Hive utilizó esquemas de pignoración sobre 480 BTC para obtener liquidez sin vender directamente en el mercado.
No todas las salidas implican ventas: detalles de los movimientos
En detalle, el punto clave es que no todo movimiento on-chain equivale a presión vendedora inmediata. Parte de las salidas correspondieron a transferencias internas de tesorería, reorganización de balances o movimientos hacia estructuras colateralizadas. En otras palabras, muchas de esas monedas no llegaron a exchanges para liquidarse públicamente, sino que se usaron como garantía o se reasignaron estratégicamente.
Además, el contexto de mercado ya era delicado. Bitcoin había caído a alrededor de $63.300 el 5 de enero y sufrió un retroceso cercano al 15% el 29 de enero. A esto se sumaron salidas de ETF spot en EE. UU. y el mayor ajuste de dificultad minera desde 2021 (una caída del 11–14%), lo que incrementó la presión operativa, especialmente para productores de mayor costo.
Por lo tanto, la lectura operativa para traders e instituciones fue más pragmática que alarmista. Las salidas masivas señalaron actividad de balance y reconfiguración financiera más que liquidación indiscriminada. Eso redujo el riesgo bajista inmediato derivado de esas transferencias puntuales, aunque dejó latente una oferta condicional: si los precios se deterioran y se activan cláusulas de préstamos o necesidades de financiamiento, parte de ese BTC podría eventualmente venderse.

