Marcos Viriato, cofundador y CEO de Parfin, sostiene que la cadena de bloques nació para descentralizar el poder y operar bajo la transparencia. Sin embargo, la infraestructura financiera digital actual corre el riesgo de convertirse en un instrumento político en lugar de una herramienta de autonomía. Según el experto, la tecnología solo alcanzará su potencial si permanece neutral, conforme a la ley e interoperable globalmente. De este modo, el enfoque debe volver a la resolución de problemas reales como la eficiencia y el acceso.
En los últimos meses, hemos visto cómo los activos digitales se han integrado en narrativas partidistas en el Reino Unido y Estados Unidos. Por ejemplo, el uso de criptomonedas para donaciones de campaña ha transformado la innovación en una marca de lealtad ideológica específica. Por lo cual, existe una tensión creciente entre el propósito original de la descentralización y su uso institucional. Asimismo, este fenómeno puede distorsionar el progreso tecnológico al volverlo puramente performativo frente al electorado.
Por otro lado, países como Argentina muestran una adopción masiva impulsada por la necesidad económica y la inflación persistente. No obstante, incluso allí, el apoyo a ciertos activos digitales ha sido utilizado como parte del branding político gubernamental. Por ende, es imperativo que los creadores y reguladores trabajen en paralelo para establecer marcos claros y estables. La confianza en el sistema depende de construir soluciones en las que tanto bancos como usuarios puedan confiar plenamente.
La colaboración institucional como base para un sistema económico resiliente
Para que la tecnología prospere, las instituciones deben liderar con ejemplos de sistemas que sean técnicamente superiores y apolíticos. Asimismo, la infraestructura financiera digital no debe cambiar cada vez que cambie una narrativa política en el poder. Por otra parte, casos como el de Nigeria demuestran que es posible tratar a la blockchain como una infraestructura nacional para salud y educación básica. De este modo, la política estatal se centra en la utilidad pública en lugar de la división partidista.
Por otro lado, la politización amplifica el miedo y crea barreras innecesarias para el desarrollo de nuevas herramientas financieras. Por lo cual, los desarrolladores deben integrar el cumplimiento y la interoperabilidad desde la fase inicial de creación. Por ende, los marcos regulatorios deben ser adaptables para dar a los innovadores la confianza necesaria para construir responsablemente. Solo a través de una gobernanza que habilite en lugar de controlar se podrá alcanzar la madurez del ecosistema.
¿Es posible mantener la neutralidad tecnológica en un mundo cada vez más polarizado?
Sin embargo, el riesgo de que la innovación se convierta en una señal ideológica sigue siendo una pendiente peligrosa. Cuando el apoyo a la tecnología se ve como lealtad política, los países pierden de vista los objetivos de eficiencia originales. No obstante, el futuro de las finanzas dependerá de la capacidad de conectar instituciones con comunidades de forma segura. La prioridad de los legisladores debe ser la rendición de cuentas sobre la apariencia mediática en redes sociales.
Finalmente, el éxito de la economía del mañana depende de desacoplar la tecnología de cualquier ideología restrictiva o pasajera. Se espera que la infraestructura financiera digital evolucione hacia un modelo que priorice la transparencia y la soberanía del usuario. De este modo, los sistemas descentralizados podrán formar un puente sólido con las finanzas tradicionales mundiales. El compromiso de los constructores será diseñar herramientas que sean fáciles de entender y utilizar por toda la sociedad.
