El Banco Central Europeo (BCE) anunció que ampliará el acceso a su facilidad de liquidez en euros (EUREP), convirtiéndola en un mecanismo permanente y de alcance para los Bancos Centrales de todos los países que cuenten con uno. El límite de financiación se situó en €50 mil millones, siempre que no estén excluidos por razones como blanqueo de dinero, financiación del terrorismo o sanciones internacionales.
Tradicionalmente, las facilidades de liquidez en euros del BCE estaban dirigidas sólo a unos pocos Bancos Centrales, principalmente en países limítrofes de la eurozona, con acuerdos temporales que requerían renovaciones anuales. Con esta decisión, el BCE da un paso como nunca antes al hacer permanente y accesible a casi todas las autoridades monetarias del mundo esta línea de liquidez, ampliando drásticamente su alcance geográfico y elevando su umbral máximo de €50 mil millones por institución.
Según Bloomberg, esta expansión forma parte del intento del BCE de “prevenir tensiones del mercado y aumentar el uso global de la moneda única”, ofreciendo liquidez incluso cuando las tensiones financieras podrían desencadenar ventas masivas de activos denominados en euros.
Este movimiento no solo refuerza al euro frente al papel dominante del dólar estadounidense, sino que también refleja una apuesta por consolidar su rol en el sistema monetario internacional, algo que hasta ahora se había visto limitado por la fragmentación del sistema financiero europeo y la necesidad de acuerdos.
Un nuevo rumbo histórico de la política monetaria europea
Los principales actores, a partir de esta medida, son los Bancos Centrales y mercados globales. Con la ampliación de la facilidad de liquidez en euros permite que más Bancos Centrales accedan a financiación rápida en períodos de estrés financiero, reduciendo así la probabilidad de crisis de liquidez en sus respectivos sistemas. Este respaldo permanente puede incentivar inversiones y transacciones en euros a escala internacional, fortaleciendo la confianza en la moneda común.
Además, apunta de lleno a economías emergentes y sus planes de estabilización. A partir de ahora, países fuera de la eurozona podrán utilizar estas líneas de repo para reforzar su capacidad de respuesta ante choques en los mercados de divisas o flujos financieros adversos, siempre y cuando cumplan con los criterios de elegibilidad impuestos por el BCE. “La disponibilidad de un prestamista de último recurso para los bancos centrales de todo el mundo aumenta la confianza para invertir, pedir prestado y comerciar en euros”, anunció Christine Lagarde, destacando que este mecanismo fortalecerá el papel del euro en un contexto financiero global cada vez más impredecible.
La regulación golpea de manera directa a los criptoactivos y regulaciones del ecosistema digital. Aunque el anuncio oficial no menciona criptomonedas ni mercados digitales, el contexto de política financiera global genera una evidente puja con las estrictas regulaciones que enfrentan los activos digitales.
Mientras el BCE fortalece un instrumento tradicional centralizado bajo reglas rígidas, ecosistemas descentralizados se ven afectados con normativas que restringen su adopción, participación y accesibilidad. Esta paradoja subraya cómo los marcos regulatorios existentes favorecen estructuras tradicionales frente a innovaciones tecnológicas financieras. “El BCE debe estar preparado para un entorno más volátil”, dijo Lagarde, subrayando la necesidad de una red de seguridad global que evite ventas forzadas de activos europeos durante periodos de tensión.
Profundidad del cambio y las tensiones regulatorias
La ampliación del acceso a liquidez en euros representa una transformación estructural en la forma en que el BCE aborda el rol de la moneda única en el sistema financiero global. Este cambio no solo proporciona estabilidad financiera adicional en tiempos de estrés de mercado, sino que también expone la rigidez del actual marco regulador tradicional frente a la flexibilidad y crecimiento de los mercados de activos digitales, los cuales suelen verse obstaculizados por regulaciones estrictas y enfoques conservadores de política monetaria.
Mientras algunos reguladores buscan limitar la participación de criptoactivos por motivos de seguridad o estabilidad, el BCE aprovecha precisamente la centralización y el control regulatorio para consolidar el euro, frente a otras opciones como las stablecoins como moneda de uso diario y para transacciones comunes.
El marco regulatorio MiCA (Markets in Crypto-Assets), que fue aprobado y puesto en marcha durante 2024, es un claro ejemplo de que las entidades tradicionales quieren evitar a toda costa la implementación y la apertura del sistema cripto a todo Europa. Según el propio reglamento, MiCA introduce nuevas protecciones aunque sólo declara como legales a emisores que se rigen por sus reglas, dejando por fuera miles de opciones que beneficiarían a los usuarios y a la interoperabilidad de las criptomonedas.

