Piero Cipollone, miembro del Banco Central Europeo (ECB), presentó el euro digital como un instrumento de pago equivalente al efectivo. De acuerdo a sus declaraciones, está diseñado para reforzar la soberanía financiera de Europa y para reducir la dependencia de infraestructuras de pago prevenientes del extranjero.
Según las declaraciones de Piero Cipollone, miembro del ECB, el euro digital se va a consolidar en el público de la misma manera que lo hizo el efectivo. Esto se basa en que va a tener una amplia accesibilidad, su uso va a ser gratuito y dinámico a la hora de hacer pagos de la vida cotidiana.
Una de las claves del euro digital es que mejorará la privacidad de los usuarios, de modo que solo el pagador y el beneficiario conozcan los detalles de la transacción. Para los pagos en línea, los datos se van a cifrar de manera tal que solo procese identificadores codificados para pagador, beneficiario y cantidad.
Además, otro punto clave e que no tendrá casi restricciones para su uso. Esto quiere decir que el usuario va a poder implementarlo a la perfección para el uso diario. De esta manera, se preserva la autonomía del usuario y se evitan mecánicas de dinero condicionantes.
Cipollone vinculó la justificación del euro digital directamente con la autonomía estratégica. Señaló que aproximadamente dos tercios de las transacciones con tarjeta donde predomina el euro, son procesadas por esquemas internacionales. Esas dinámicas hacen que se incrementan los costes tanto para comerciantes como para los consumidores.
¿Cómo siguen los avances en el euro digital?
El Eurosystem se mantiene en una fase preparatoria avanzada. El impulso del Consejo Europeo por una orientación general para finales de 2025 ya quedó atrás. Por su parte, la ECB y Cipollone esperan la adopción formal de la legislación europea necesaria durante 2026, que determinará los límites legales y la gobernanza.
Sujeto a ese paso legislativo, se planean ejercicios en forma de piloto y algunas transacciones iniciales para mediados de 2027, con una posible primera emisión prevista alrededor de 2029.
Sin embargo, existen algunos obstáculos para la total implementación del euro digital. Si la legislación de 2026 avanza como se anticipa, los pilotos en 2027 desplazarán la discusión del diseño al riesgo operativo, la escalabilidad y la adopción por parte de comerciantes.
Para los participantes del mercado y las empresas, la implicación inmediata es clara: la atención se dirige ahora al proceso legislativo de 2026 y a las decisiones de diseño que éste consolide.
