2026 no será el año de una victoria absoluta entre Ethereum y Solana, sino el año en que el mercado va a definir el dominio parcial en capa 1. Si bien se especula con que Ethereum consolidará su liderazgo gracias a sus actualizaciones estructurales de Pectra y Fusaka, mientras Solana capitaliza su rebote técnico y su tracción retail. Sin embargo, el verdadero límite para ambas no es tecnológico, sino macro: el dominio persistente de Bitcoin y la concentración de flujos institucionales.
Ethereum entra en fase de optimización post-merge con actualizaciones diseñadas para mejorar la eficiencia del staking y la experiencia del validador. Solana, por su parte, ha demostrado resiliencia tras el colapso de FTX en 2022 y recuperó métricas clave de actividad. Pero el contexto macro, con tasas reales todavía elevadas y liquidez global selectiva, obliga a analizar más allá del entusiasmo tecnológico.
Desde 2024, el mercado cripto opera bajo un entorno distinto al ciclo 2020-2021. La expansión monetaria masiva que impulsó el rally anterior ya no está presente. Aunque la Reserva Federal comenzó a flexibilizar la política, las tasas reales siguen en terreno positivo, lo que tiende a favorecer activos con narrativa de “reserva de valor” antes que plataformas de infraestructura.
El dominio de Bitcoin ha oscilado por encima del 50% durante gran parte del ciclo reciente. Históricamente, cuando el dominio de BTC se mantiene elevado, las altcoins requieren catalizadores propios para captar flujos. En 2017, Ethereum creció en paralelo a Bitcoin; en 2021, lo hizo gracias al auge DeFi y NFT. En 2026, ese catalizador aún no es tan evidente.
Ethereum y Solana compiten no solo entre sí, sino contra la absorción de capital que ejerce Bitcoin vía ETFs spot y productos institucionales regulados.
Ethereum: Pectra, Fusaka y la estrategia de escalado modular
Ethereum encara 2026 con una hoja de ruta centrada en eficiencia y escalabilidad modular.
Pectra
La actualización Pectra no es solo una mejora incremental; es el cortafuegos de Ethereum contra la fragmentación de liquidez. Al elevar el límite de staking efectivo de 32 a 2,048 ETH mediante la EIP-7251, la red busca reducir la carga de mensajes en la capa de consenso, permitiendo que la finalidad de las transacciones (finality) sea más robusta ante picos de volatilidad.
Desde una comparación histórica, mientras que en el ciclo de 2021 el ‘gas’ de Ethereum expulsaba al retail hacia cadenas alternativas, la arquitectura post-Pectra en 2026 proyecta una reducción de costos en Capa 2 de hasta un 40% adicional respecto a los niveles de 2024. Ethereum no compite por ser la más rápida, sino por ser la infraestructura más eficiente para el capital institucional que ya controla el 25% del suministro vía staking.
Fusaka
Fusaka se proyecta como parte del proceso de mejora posterior, enfocado en eficiencia de ejecución y reducción de costos para rollups. Ethereum ya adoptó el modelo modular, donde el grueso de la actividad se desplaza hacia soluciones de capa 2.
En 2021 Ethereum absorbía directamente el tráfico DeFi y NFT, generando congestión y fees elevados. En 2026, el modelo rollup-first reduce presión en la capa base, pero también dispersa valor hacia ecosistemas secundarios. Por lo tanto, Ethereum hoy prioriza seguridad y descentralización por sobre velocidad. Eso limita picos especulativos, pero fortalece su narrativa institucional.
Solana: rebote, eficiencia y concentración de narrativa
El renacimiento de Solana se sustenta en una métrica de flujo que el mercado suele ignorar: la relación entre el volumen en DEX y el Valor Total Bloqueado (TVL). Durante 2024 y 2025, Solana logró procesar volúmenes diarios superiores a los $2,000 millones con apenas una fracción del TVL de Ethereum, lo que demuestra una eficiencia de capital superior para el trading de alta frecuencia.
Este cambio estructural de narrativa desplaza a Solana de ser un simple ‘Ethereum Killer’ a ser la ‘Capa de Ejecución de Consumo’. Sin embargo, su arquitectura monolítica sigue siendo su ‘Talón de Aquiles’ regulatorio; al centralizar tanto rendimiento en un set limitado de nodos de alto hardware, su resistencia a la censura es cuestionada bajo marcos macro más estrictos, una diferencia estructural clave frente a la descentralización modular de Ethereum.
Análisis de flujo institucional
En términos de flujo institucional, la balanza continúa inclinándose hacia Ethereum. La red cuenta con ETFs spot aprobados en múltiples jurisdicciones, participación creciente en productos de staking institucional y una integración más consolidada dentro de custodios regulados, factores que refuerzan su posición como activo “invertible” bajo estándares tradicionales de compliance y gestión de riesgo.
Solana, por su parte, ha avanzado de manera significativa en el desarrollo de productos derivados y en propuestas vinculadas a ETFs, pero todavía no exhibe la misma profundidad ni madurez en el frente institucional.
Los flujos institucionales tienden a priorizar:
Cuando se analizan los criterios que suelen guiar a los grandes capitales, claridad regulatoria, liquidez profunda y un historial operativo robusto, Ethereum mantiene una ventaja estructural evidente. Esto no implica necesariamente que vaya a ofrecer el mayor crecimiento porcentual en un ciclo alcista, pero sí sugiere una mayor estabilidad y previsibilidad en la calidad del capital que ingresa. En un entorno donde el dinero institucional prioriza resiliencia antes que explosividad, esa diferencia puede resultar determinante.
Lectura regulatoria diferenciada
El entorno regulatorio post-2024 ha tendido a distinguir entre activos considerados commodities digitales y aquellos con mayor riesgo de clasificación como valores.
Ethereum, tras su transición a proof-of-stake, enfrentó cuestionamientos regulatorios, pero su descentralización y distribución amplia han mitigado riesgos inmediatos.
Solana, con una distribución inicial más concentrada y vínculos históricos con actores institucionales específicos, ha estado bajo mayor escrutinio en debates regulatorios.
El factor Bitcoin: ¿techo estructural para ambas?
El factor Bitcoin introduce un posible techo estructural tanto para Ethereum como para Solana. Hoy, Bitcoin concentra la narrativa macro del ecosistema: se posiciona como activo escaso en un entorno de expansión monetaria selectiva, funciona como vehículo institucional a través de ETF regulados y muestra una correlación creciente con activos macro tradicionales.
Mientras el capital institucional continúe privilegiando su exposición principalmente mediante BTC, el espacio para una expansión relativa sostenida de ETH y SOL se vuelve más acotado. Históricamente, las altseasons han ocurrido bajo condiciones muy específicas: una caída sostenida en el dominio de Bitcoin, una expansión agresiva de la liquidez global y la aparición de una narrativa disruptiva, como las ICO en 2017, el auge DeFi en 2020 o los NFT en 2021. En 2026, ninguna de estas variables aparece plenamente confirmada, lo que limita, por ahora, la probabilidad de un liderazgo estructural de las altcoins.
Ahora bien, quienes sostienen que Solana podría liderar el próximo tramo del ciclo argumentan que su mayor adopción retail, su experiencia de usuario más fluida y el crecimiento explosivo en memecoins y aplicaciones sociales le otorgan una ventaja táctica. Y no es un punto menor: si el ciclo adopta un carácter más especulativo y orientado al inversor minorista, Solana podría capturar un crecimiento porcentual superior al de Ethereum.
Sin embargo, las diferencias estructurales entre ambos proyectos siguen siendo determinantes. Ethereum mantiene un modelo de escalado modular, con una arquitectura orientada a infraestructura financiera y menor volatilidad relativa, mientras que Solana apuesta por un diseño monolítico, con mayor beta y una dependencia más fuerte de narrativas de innovación de consumo.
Esa divergencia no sólo define perfiles de riesgo distintos, sino también el tipo de capital que cada red es capaz de atraer en un entorno crecientemente institucionalizado.
Conclusión: El referéndum de la liquidez
En última instancia, el dominio de la Capa 1 en 2026 no se definirá por la superioridad del código, sino por la gravedad del capital. Para validar esta postura, se pueden dar dos escenarios dadas las condiciones actuales de mercado:
- Escenario A: Si las salidas netas de los ETFs de Ethereum (redemptions) superan los $250 millones mensuales de forma sostenida durante el primer trimestre de 2026, la prima de ‘seguridad institucional’ de ETH se diluirá, permitiendo que Solana capture hasta un 15% adicional de la cuota de mercado de Capa 1.
- Escenario B: Si el dominio de Bitcoin ($BTC.D$) se mantiene por encima del 52%, ambas cadenas operarán en un entorno de suma cero, donde Solana superará a Ethereum en rendimiento porcentual (beta), pero Ethereum mantendrá la hegemonía en activos bajo custodia (AuM).
2026 será el año en que el mercado finalmente entienda que Ethereum es para el balance contable y Solana es para el flujo transaccional.

