CoinShares publicó un informe que sostiene que las computadoras cuánticas no son un riesgo real para Bitcoin en el futuro inmediato. Una de las claves que marca la empresa es que aún hay una brecha enorme entre la capacidad de las computadoras actuales y la posibilidad de romper las firmas de Bitcoin.
La discusión sobre computación cuántica y bitcoin suele centrarse en que las firmas ECDSA podrían ser vulneradas por el algoritmo de Shor. Sin embargo, CoinShares puso ese riesgo en perspectiva al señalar que ejecutar Shor a una escala operativa requeriría del orden de 13 millones de qubits físicos para invertir una clave pública en apenas un día, y todavía más para habilitar ventanas de ataque realistas. Dado que las máquinas cuánticas actuales apenas alcanzan unos pocos cientos de qubits inestables, la amenaza se desplaza claramente hacia el mediano y largo plazo.
En esa misma línea, el informe subrayó que la brecha tecnológica es amplia. CoinShares estimó un horizonte de desarrollo de entre 10 y 30 años antes de que existan capacidades cuánticas que representen un riesgo práctico para bitcoin. Esto implica que, lejos de tratarse de un peligro inmediato, el desafío debe leerse como una cuestión de planificación y evolución tecnológica, más que como una urgencia operativa para el mercado actual.
Por otro lado, la función hash SHA-256 no aparece como un punto débil crítico. Aunque el algoritmo de Grover reduciría su seguridad efectiva de 256 a unos 128 bits, ese nivel sigue siendo impracticable de atacar por fuerza bruta incluso con computadoras cuánticas avanzadas.
Además, CoinShares remarcó que los mineros cuánticos enfrentarían barreras económicas y de ingeniería frente a los ASIC especializados, mientras que el ajuste automático de dificultad actúa como un amortiguador adicional ante cualquier disrupción súbita.
Exposición limitada y capacidad de adaptación del protocolo
Un aspecto central del análisis es que no todos los bitcoins están igualmente expuestos. La mayoría de los formatos de direcciones modernos ocultan la clave pública hasta que los fondos se gastan, lo que reduce drásticamente la ventana de ataque. Según CoinShares, la cantidad directamente vulnerable se limita a unos 10.200–10.230 BTC, concentrados en antiguas salidas Pay-to-Public-Key (P2PK), una fracción muy pequeña de la oferta total y, en general, inmovilizada en UTXO inactivos desde hace años.
Incluso en el escenario hipotético de que esas monedas se vieran comprometidas, el impacto de mercado no sería necesariamente sistémico. CoinShares argumentó que el efecto se parecería más a ventas grandes y graduales que a un colapso abrupto, ya que los atacantes enfrentarían las mismas fricciones de liquidez y ejecución que cualquier gran tenedor al intentar monetizar sus activos.
Al mismo tiempo, el diseño de bitcoin ofrece una vía clara de evolución. El ecosistema ya cuenta con precedentes técnicos, como la introducción de firmas Schnorr, y existe un trabajo activo en criptografía post-cuántica, acompañado por organismos de estandarización como el NIST.
En conjunto, CoinShares enmarca el desafío cuántico como un problema de ingeniería con indicadores observables y tiempo suficiente para reaccionar. Para custodios y participantes del mercado, los pasos prácticos pasan por monitorear la evolución de los qubits relevantes criptográficamente, seguir de cerca los estándares que se consoliden y priorizar la migración de tenencias heredadas.

